Druidas y setas: qué cuentan las fuentes y qué hemos imaginado después
Un bosque, una túnica y una seta no bastan para reconstruir un ritual antiguo.

La imagen del druida recogiendo hongos tiene una enorme fuerza narrativa. Encaja con la idea moderna de un saber secreto del bosque. Precisamente por eso conviene preguntar de dónde procede antes de convertirla en historia.
Uno de los pasajes antiguos más conocidos es el relato de Plinio el Viejo acerca del muérdago y el roble. Describe un ritual y las virtudes que sus protagonistas atribuían a esa planta. El texto no documenta una ceremonia de ingestión de setas. Además, es la mirada de un autor romano sobre otras prácticas culturales. [1]

No podemos utilizar el pasaje del muérdago como prueba de un ritual con Amanita muscaria. Tampoco deducir de un silencio textual que ninguna persona de aquellas sociedades utilizara jamás un hongo. La conclusión defendible es precisa: esta fuente no acredita la escena que imaginamos.
La diferencia entre pregunta y afirmación cambia el artículo. «¿Utilizaron hongos los druidas?» abre una investigación. «La seta sagrada de los druidas» presupone que conocemos la respuesta. Sin pruebas suficientes, el segundo titular engaña antes del primer párrafo.
Una historia micológica puede explorar cómo se construyen los mitos. El misterio permanece; lo que desaparece es la falsa seguridad.
Fuentes
- Plinio el Viejo, Historia natural XVI, capítulo 95 en esta edición. https://www.perseus.tufts.edu/hopper/text?doc=Perseus%3Atext%3A1999.02.0137%3Abook%3D16%3Achapter%3D95 ↩


