Saltar al contenido
Menú
Fungi Academy

NaturalezaCiencia

Micorrizas: lo que intercambian árboles y hongos bajo nuestros pies

Qué es una micorriza, cómo participan hongos y raíces y por qué una relación biológica no equivale a un bosque que piensa.

2 min de lecturaPublicado el 13 de octubre de 2026Fuentes revisadas el 13 de octubre de 2026Redacción MycoTwin

Boletus pinophilus en el suelo del bosque
Boletus pinophilus según el catálogo: parte visible de una relación con los árboles. Una fotografía no basta para identificar setas destinadas al consumo.

Una seta visible ocupa poco espacio en una fotografía. La relación que ayuda a explicar su existencia puede extenderse bajo el suelo y conectarse con raíces. Las micorrizas permiten mirar el bosque como un conjunto de organismos que interactúan, sin necesidad de atribuirles intenciones humanas.

Una asociación, no una raíz con adorno

Boletus edulis sobre musgo
Una fructificación visible no permite reconstruir por sí sola las conexiones bajo el suelo.

Una micorriza es una asociación entre un hongo y las raíces de una planta. En las ectomicorrizas, frecuentes en árboles forestales, el hongo forma estructuras alrededor de las raíces finas y entre determinadas células. Esa interfaz participa en el intercambio de recursos.[1]

El árbol aporta compuestos de carbono procedentes de la fotosíntesis. El hongo explora el suelo mediante sus hifas y participa en la adquisición y transferencia de nutrientes, entre ellos nitrógeno y fósforo.[1] Es una relación fisiológica concreta, no una metáfora de amistad.

El bosque no usa un único socio

INRAE describe que un árbol puede interactuar con numerosas especies de hongos simbiontes.[2] Por eso no conviene imaginar parejas exclusivas e invariables: un árbol, un hongo y un único cable entre ambos. Las comunidades tienen diversidad y cambian con el ambiente.

Tampoco todos los hongos del bosque desempeñan esa función. Otros descomponen materiales o mantienen relaciones distintas con organismos vivos. Ver un filamento o una seta no permite asignarle automáticamente el papel de socio de una raíz cercana.

Por qué importa distinguir una red de una intención

La palabra «red» describe conexiones; no demuestra por sí sola que exista una voluntad colectiva. Expresiones como «los árboles hablan» pueden funcionar como recurso divulgativo, pero requieren explicar qué fenómeno medido se está describiendo.

Transferencia de recursos, señales químicas y beneficio para un organismo no son términos intercambiables. Si contamos un experimento, debemos decir qué se observó, en qué condiciones y con qué límites. Un resultado concreto no autoriza a presentar cualquier bosque como una sociedad que reparte alimento deliberadamente.

Qué puede aprender quien sale al monte

Reconocer que hay vida activa en el suelo cambia el paseo. La ausencia de sombreros no equivale a ausencia de hongos. Y encontrar una seta no permite dibujar desde la superficie toda su relación con raíces y otros organismos.

Para documentar una observación, registra el hábitat sin excavar ni arrancar raíces para buscar una supuesta conexión. Las fotografías y el cuaderno ayudan a situar el hallazgo; demostrar una asociación concreta puede requerir métodos que exceden una salida recreativa.

En MycoTwin, las capas y observaciones pueden aportar contexto ambiental. Conviene conservar la separación entre ese contexto y una asociación biológica comprobada. Aprender sobre micorrizas nos da mejores preguntas, no un permiso para convertir cada coincidencia espacial en una certeza.

Fuentes

  1. INRAE, UMR Interactions Arbres-Microorganismes: About mycorrhizas. https://mycor.iam.inrae.fr/IAM/?page_id=4555 ↩
  2. INRAE, Arbres et champignons, une alliance sous nos pieds. https://www.inrae.fr/actualites/arbres-champignons-alliance-nos-pieds ↩
  3. INRAE, Les interactions au cœur de la guilde des champignons. https://www.inrae.fr/actualites/interactions-au-coeur-guilde-champignons ↩