Los hongos de Ötzi: objetos reales, preguntas abiertas
Encontrar un objeto no revela por sí solo todas sus funciones.

A veces la historia de los hongos comienza con un relato. Otras, con algo que podemos señalar: un objeto conservado. El equipo de Ötzi pertenece a esta segunda clase de evidencia.
El Museo de Arqueología del Tirol del Sur describe dos fragmentos de hongo del abedul ensartados en tiras de piel entre sus pertenencias. El museo considera un posible uso terapéutico. La presencia de los fragmentos es el hallazgo; su finalidad concreta requiere interpretación. [1]

La diferencia parece pequeña hasta que llega un titular. «Ötzi llevaba hongos» describe una evidencia. «Llevaba exactamente este tratamiento para esta enfermedad» necesitaría pruebas adicionales. Un objeto puede haber tenido más de una utilidad y ninguna etiqueta nos explica cómo lo entendía su propietario.
El interés está en esa cercanía material. Los hongos formaban parte de unos recursos que alguien consideró suficientemente útiles para transportar. Nos invita a mirar más allá del plato: en la relación humana con los hongos también caben materiales, prácticas y conocimientos que no podemos reducir a alimentación.
La arqueología gana cuando distinguimos lo encontrado de lo inferido. No hace falta poner una frase inventada en boca de una persona del pasado para que su equipo nos cuente algo.
Fuentes
- South Tyrol Museum of Archaeology, Equipment, Birch fungus. https://www.iceman.it/en/oetzi/equipment ↩


